La relación entre el español y la economía

Por José Luis Delgado

La posición del español es prometedora vista desde todas las perspectivas de interrelación entre lengua y economía. Estos factores pueden generar un círculo virtuoso entre sí.

Ciertamente, la lengua y la economía se interrelacionan y potencian recíprocamente. La lengua facilita múltiples facetas de la actividad económica. El desarrollo y la capacidad creativa de ésta el mejor soporte de la expansión de aquélla. El estudio del valor económico de la lengua no hace sino profundizar analíticamente en esa fecunda correspondencia mutua, como apuntó Adam Smith.

La dimensión económica de la lengua

Tres fenómenos influyen actualmente en la dimensión económica de la lengua:

El primero, es la avanzada internacionalización de los mercados y de los procesos productivos. Ofrecen una amplitud y una profundidad que no habían tenido las precedentes fases históricas de globalización.

El segundo, es la mayor demanda de productos culturales, en rápido aumento conforme lo hace la renta en los países desarrollados.

El tercero, el despliegue de la sociedad del conocimiento, donde es crucial «lo que se sabe y cómo se trasmite lo que se sabe».

Funciones económicas de la lengua

De manera similar, la lengua cumple con tres funciones económicas:

En primer lugar la lengua como mercado, esto es, la dimensión empresarial de la enseñanza del idioma. Otra podría ser, la lengua como soporte de la creación intelectual y artística, es decir, de las industrias culturales. Finalmente la lengua como reductora de los costes de transacción. En tanto que medio de comunicación compartido entre las partes, al agilizar las tareas de identificación y de negociación de las condiciones del intercambio, y al propiciar entornos de afinidad en los mercados externos.

Posición actual del español

La posición actual del español es ciertamente prometedora en todos esos sentidos. Aglutinando a una de las pocas comunidades lingüísticas multinacionales que existen en un planeta con más de 6.000 lenguas. El español es ya la segunda que sirve de comunicación internacional. Cerca de 450 millones de hablantes en más de veinte países, y su demanda crece con fuerza. Seis millones de personas lo estudian en Estados Unidos, donde el bilingüismo en inglés y español se paga cada vez mejor en los medios profesionales. Por lo tanto , la enseñanza del español constituye un floreciente negocio.

Además, es, materia prima de unas pujantes industrias culturales; la editorial y la discográfica principalmente y savia de un expansivo sector de las telecomunicaciones, así como de plurales servicios económicos. Su dominio ayuda a la inserción laboral y la integración social de las personas. Como consecuencia, impulsa los intercambios comerciales y la actividad empresarial multinacional en toda una vasta región intercontinental.

El español como lengua global

El español goza, pues, de buena salud. Una doble circunstancia agranda ahora, además, sus posibilidades de convertirse en lengua global, acaso en segunda lengua franca del tiempo que viene.

A partir de esto, la interrelación entre el español y la economía generara un círculo virtuoso para el conjunto de países de habla hispana. El español es lengua policéntrica pero homogénea, potencia la actividad productiva y mercantil de economías progresivamente abiertas, internacionalizadas y con muy notables ritmos de crecimiento. No hay mejor apoyo para una lengua, en suma, que el vigor de la economía y el prestigio de la sociedad que la sostienen.

Finalmente, el español cotizará on mayor fuerza en el mercado global si las economías que lo sustentan se hacen más ccompetitivas y más sólidas nuestras democracias.

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Tomado de: https://telos.fundaciontelefonica.com/archivo/numero071/las-relaciones-entre-lengua-y-economia/